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miércoles, 31 de octubre de 2007

Diferencias morales insalvables entre Marxistas y Católicos.

Moral marxista y moral católica (Del libro "Moral Cristiana y Guerra Antisubversiva")

Hay una diferencia entre ambas morales. El padre Alberto Ezcurra nos la señala de la siguiente manera.


"Pero la concepción moral marxista y católica difieren radicalmente. Señalemos brevemente estas diferencias (Cf.Florencio Arnaudo, Pleamar, Bs.As. 1975 p. 50-54)

La moral católica ilumina las circunstancias concretas del obrar humano desde los principios permanentes del Evangelio y del Orden Natural. “Es cierto que muchas normas morales varían según épocas y circunstancias. La moral cambia porque el hombre cambia, y con el sus hábitos y disposiciones. Pero si el género humano es substancialmente idéntico a través de la historia, hay que admitir que con él permanecen inalterables una serie de normas morales inherentes a su condición humana.

La moral marxista es relativa. Ella es difiere en cada época histórica y para cada clase social. En la sociedad capitalista el correcto proceder moral consistirá en procurar por todos los medios el advenimiento de la sociedad comunista.

Textos

"Moral es lo que sirve para destruir una vieja sociedad explotadora y para unir a todos los que sufren alrededor del proletariado"( Lenín, Discurso en el Tercer Congreso de la Liga Juvenil Comunista)

"Nuestra moral está enteramente subordinada a los intereses de la lucha de clases del proletariado" (Lenin.Id.).

"Para el comunista la moral reside por entero en la disciplina solidaria y coherente y en esa lucha conciente de las masas contra sus explotadores" ( Lenín.Las tareas de las Federaciones de la Juventud).

"Todas las guerras de la historia se dividen en dos categorías: las guerras justas y las guerras injustas. Todas las guerras contra-revolucionarias son injustas. Todas las guerras revolucionarias son justas" ( Mao Tse Tung, Oeuvres Choisis, TI p. 215)

"Una nueva problemática sociológica se nos ofrece si tenemos presente que, a veces, intervienen en la política interior de los Estados potencias en que, en cierto modo, está desplazado el esquema de autoridad y pueblo. La lucha entre Pontificado y el imperio en la Edad Media adoptó por lo regular, formas análogas a las de la guerra civil. El entredicho y la exención de obediencia al príncipe crearon un derecho a la resistencia religiosa y hasta una obligación de resistencia a los "tiranos", como la polémica de entonces llamaba a los príncipes partidarios del Emperador y a los obispos imperiales. En forma análoga el moderno marxismo descalifica a la autoridad en los modernos Estados capitalistas, aunque desde un punto de vista totalmente distinto. Para él, todos los Estados no marxistas y sus sistemas jurídicos son órganos de explotación del proletariado por la clase dominante. Esta sola formulación garantiza el derecho a la resistencia de la mayor envergadura, como es el derecho y deber de la revolución. ( Werner Scöllgen, "Problemas morales de nuestro tiempo", herder 1962 p.250 sig.)

Conclusión

Es evidente que para el marxismo la guerra revolucionaria permanente para la conquista del mundo es, no solo lícita, sino obligatoria, sin más límites que los fijados por las conveniencias tácticas.

En el plano internacional, el marxista no puede renunciar a sus objetivos de dominación. En el plano nacional, el marxista y el militante revolucionario no puede renunciar a suplantarla por el régimen socialista y la dictadura proletaria.

Veamos el punto de vista católico en relación con la situación concreta de nuestro país:

b. Licitud de la guerra revolucionaria en cuanto guerra internacional.

La guerra revolucionaria, instrumento de conquista mundial del marxismo, no resulta justificada por ninguna de las condiciones morales que pueden hacer lícita la declaración de la guerra justa: declaración por una autoridad competente, justa causa, recta intensión. (II-II.q.40).

La guerra revolucionaria es guerra permanente, que se establece como situación de hecho. Ningún centro de poder que la promuevan ( Rusia, China, etc.) se hace responsable de su declaración. Habitualmente continúan manteniendo relaciones con los países en los cuales se desarrolla, al tiempo que auxilian a los combatientes con la propaganda, los preparan en campos de entrenamientos en los países "satélites". El comunismo oficial condena muchas veces públicamente los excesos de la "ultra izquierda", lo cual no impide prestarle auxilio legal (abogados, campañas por las amnistías o derogación de leyes represivas) y prepararse para aprovechar el caos creado por la lucha subversiva. Esta actitud le sirve incluso para aparecer como "partido de orden" y ganar respetabilidad e influjo en las clases burguesas.

La causa marxista no es justa, ni el comunismo lucha por la verdadera justicia, a pesar de que los abusos, injusticias y corrupción del demoliberalismo capitalista pueden dar pie a críticas acertadas. Pero el remedio es peor que la enfermedad.

c. Licitud de la guerra revolucionaria en cuanto a resistencia activa o guerra civil

La guerra revolucionaria es una agresión internacional que, en el interior de las naciones, asume las formas de una resistencia activa o insurrección contra el poder constituido. El Santo Padre asume de manera acertada esta situación: " Sin embargo ya se sabe: la insurrección revolucionaria - salvo en caso de tiranía evidente y prolongada, que atentase gravemente a los derechos de las personas y damnificase peligrosamente el Bien Común del país engendra nuevas injusticias, introduce nuevos desequilibrios y provoca nuevas ruinas. No se puede combatir el mal al precio de un mal mayor" (Pablo VI Populorum Progressio).

Si aplicamos estos conceptos a la actual situación argentina, constituyen una clara desautorización a la subversión marxista. No parece que se cumpla de manera alguna las condiciones que harían lícita la insurrección. Y si de algún modo las condiciones presentes justificaren un hecho revolucionario, no sería precisamente del campo marxista. Más bien al contrario: la carencia de autoridad, el caos, el desorden, la corrupción a todos los niveles, la ineficacia y la debilidad para enfrentar la subversión marxista, podría legitimar a quienes quisieran establecer un orden justo y enérgico.

Para un análisis más amplio de las condiciones que legitiman la resistencia activa, podríamos remitirnos al libro de Aldo Bünting y C. A. Bertone Hechos, doctrinas sociales y liberación (Guadalupe, Bs.As. 1971) que la enuncia sintéticamente en la página 250:

* "Los poderes públicos se manifiestan sistemáticamente agresores o incapaces de promover y lograr la paz, seguridad, el progreso material y espiritual que caracteriza el Bien Común.

* Se han agotado todos los medios legales para corregir los abusos o la incompetencia.

* Existe un cierto consenso popular, sino de todos los ciudadanos o de la mayoría, al menos de los elementos más representativos y responsables.

* Existe la certeza moral de que el gobierno futuro será mejor que el presente: se habla de certeza, no de mera presunción; esta certeza exige la preparación de equipos competentes que puedan realizar la sustitución.

* Existe la certeza moral de que las perturbaciones materiales, morales y espirituales ocasionadas por la revolución se reducirán al mínimo necesario y que la revolución tiene sólida esperanza de éxito.

* Los medios utilizados en la ejecución de la resistencia activa violenta tienen que no ser intrínsecamente malos"

Apliquemos esto a nuestra situación actual punto por punto

* Ibidem
+ No parece que sea el caso, al contrario: partidos y publicaciones que aparecen como aparato político de la subversión funcionan a la luz del día, la "literatura subversiva" que se secuestra en los allanamientos es vendida abiertamente en librerías, promotores de la subversión permanecen en la enseñanza, en la función pública, etc.

* Ni la mayoría del pueblo, ni los "elementos más representativos y responsables" prestan consenso a la subversión. Al contrario.

* No existe la certeza moral de que el gobierno futuro será mejor que el presente. Al contrario.

* La guerra revolucionaria es "revolución permanente", "estrategia sin tiempo" y no atiende a los daños materiales o humanos, ni al tiempo que dura la lucha. Esto está dictado por la experiencia del comunismo internacional (Rusia, Hungría, China, Vietnam) "Sólida esperanza de éxito"...: en muchas ocasiones los marxistas no la tienen. Entonces se limitan a provocar el caos mediante la agudización de las "contradicciones dialécticas".

+ Los medios utilizados por la subversión (secuestros, extorsiones, matanzas de inocentes, asesinatos a sangre fría) son de modo habitual "intrínsecamente malos".

Conclusión

La guerra revolucionaria conducida por el marxismo en nuestra patria es "guerra total" (internacional y civil). Como guerra internacional constituye una injusta agresión: como guerra civil es delito de sedición.

Por lo tanto la resistencia pasiva y activa, por medios legales y por coacción armada, hasta la total eliminación de los focos subversivos es no solo legítima sino obligatoria. Los bienes que están en juego son todos nuestros derechos civiles y religiosos, nuestra concepción de vida, la existencia misma de nuestra patria como nación soberana.

"La comunidad de las naciones debe ponerse en guardia contra los criminales sin conciencia que para la realización de sus planes ambiciosos no tienen reparo en desencadenar una guerra total. Por tanto, los otros pueblos, si quieren proteger su existencia y sus preciados bienes y no permitir que malhechores internacionales hagan lo que se les antoje, deben prepararse, quieran o no para el día que tengan necesidad de defenderse. Ni siquiera en nuestros días se puede negar a los Estados ese derecho de defensa (Pío XII, al VI Congreso Internacional de Derecho Penal, 3 de Octubre de 1953. AAS,45,1953 Nº 15, págs. 730-744).

“Más vale morir combatiendo que contemplar calamidades de nuestra nación y del Santuario" (I Mac3,59)


(Del libro “Moral Cristiana y Guerra Antisubversiva - Enseñanzas de un capellán castrense” del padre Alberto I. Ezcurra prologado por el profesor Antonio Caponnetto - Editorial Santiago Apóstol) Puede adquirirse en Club del Libro Cívico - M.T. de Alvear 1348- Local 147- Buenos Aires- Teléfono 4813-6780.


Un envío de: Eduardo Palacios Molina. República Argentina.

http://www.diario7.com.ar/

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